viernes, 29 de enero de 2010

OCHO GLOBOS de Shel Silverstein

Ocho globos que nadie compraba
cortaron la cuerda y soltaron amarras.
Ocho globos libres, libres de volar, libres de escapar
donde les petara.
Uno quiso ver cómo era el sol: ¡POP!
Otro hacer carreras entre los camiones: ¡POP!
Otro echó una siesta por entre los cactos: ¡POP!
Otro jugó a fútbol con un descuidado: ¡POP!
Otro fue a probar la tortilla caliente: ¡POP!
Otro a ver de cerca un tigre y sus dientes: ¡POP!
Otro se prendó de un erizo malaje: ¡POP!
Otro sentó el culo hasta quedar sin aire: ¡FFFFSHIU!
Ocho globos que nadie compró
soltaron amarras y allá que se fueron,
libres de flotar, libres de volar, libres de estallar
donde les petó.

Lágrimas

Lo que tú no entiendes, niño, es que los hombres que a mí me gustan no saben llorar. Dijo la Dragh Queen, con un tono tan carente de emoción que al escucharla el hombre que inútilmente se pintaba lágrimas en los ojos, dejó de hacerlo y resignado volvió a casa.